1 nov 2009

Habia una vez.

Habia una vez un duede magico al que nadie queria. Un dia, se canso de sentirse mal y se escondio adentro de una semillita abajo de la tierra. Paso muchos dias en el suelo frio y humedo llorando hasta que por fin se dio cuenta de que la gente llora para demostrar que esta triste, y esto no tenia sentido si él no queria que los demas se enteren. Asi empezo a reirse y a saltar hasta que la semillita se rompió. Se asomó y miró al cielo, una gran sonrisa se le marcó en el rostro y comenzó a estirarse. Se estiró tanto pero tanto que creció más que los otros duendes. Incluso más que los roedores y los venados. Más que las casas de los hombres. Y, al verse tan alto y esplendoroso y sentir el calor del sol, enterro sus pies en la tierra y decidió no moverse mas de allí. Se transformo en un gran arbol del tamaño de una montaña, y todos los duendes hicieron una fiesta, bailaron y cantaron. Y los animales hicieron sus casitas en él y todos fueron felices.
Hoy ya no existen duendes, pero existen muchisimos arboles.

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